Cambios radicales: como usar el TOC a tu favor.

No piensen que todo ha sido para mí sentirme miserable, triste, pérdida o acabada, no es lo que quiero transmitir y definitivamente no es la realidad. La vida para mí es como ha de ser para todos, con dulce y agraz. En vista de esto es que en algún momento de mi largo, largo proceso tricotilomaniaco decidí sacarle partido al trastorno y convertirlo en una excusa perfecta para solucionar cosas de mi vida cotidiana.

La primera vez que generé un cambio y adapté el toc, sabiendo de antemano lo trabajólica que soy, lo usé para organizar mis cosas del trabajo. Me explico con mayor claridad. He dedicado mi vida a la docencia, soy profesora de historia, por lo que comprenderán que la cantidad de papeles, guías, circulares, notitas, trabajos, libros, etcétera, son interminables; por lógica entonces, el orden es lo único que puede lograr que mi trabajo y el de mis estudiantes no se vaya al carajo. El toc sirvió para organizar escritorios, estantes y libreros, controlando la ansiedad en base al control de mi entorno, otorgando un lugar, una “casa” a cada hoja, cada trabajo, cada post-it que llega a mis manos. Esto no sólo me hace más eficiente sino que, además, es tranquilizador.

Otra forma útil que encontré adaptando mi toc a alguna necesidad cotidiana, fue en mi imagen ¿cómo? Fácil, usándolo como excusa ahora para darme un look nuevo y más atrevido. En general he tenido el pelo liso, largo y parejo, pero cuando los mechones o pelones comenzaban a notarse me he recortado el pelo de tal forma que, o logro que tape problema o, y esto es lo que quiero destacar, que se note por completo. Ya lo he hecho tres veces a lo largo de mi vida: una vez pelándome, otra vez tiñiéndome el pelo rojo- naranja y la última y actual es usar un mohicano. Sí, soy una profesora con mohicano 😉, le llamó romper estereotipos.

Lo sé, no es el mohicano que esperaban xD… nunca dije que fuera al estilo punk. (Noviembre, 2017)
Esta es mi apariencia actual aunque la foto no… aquí lo importante es que hoy me encanta mi pelo 😊. (Diciembre, 2018)

Tricotilomaniacos todos, sé que somos personas relativamente tímidas y para hacer esas cosas a veces se necesita un poco más de coraje que la de cualquier ser humano “normal”, por lo que les recomiendo buscarlo en los lugares menos pensados. En mi caso fue hacer que se notaran los múltiples pelones que me había dejado o darme cuenta que mi exceso de ansiedad no solucionaba las torres de papeles y trabajos que acumulaba y no organizaba. Esto obviamente sirvió también para asumir que se vive con esto y que finalmente depende de ti, de tu forma de ver las cosas como es que te va a afectar.

Entonces vivir con esto no es lo más mortal, ni es lo más terrible, mucho menos es lo más triste de mi vida. Es difícil, sí, pero es cuestión de actitud: lo dejo cagarme la vida o le sacó provecho, la opción es mía.

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¿Ocultando la evidencia? Parte 2: Descubriendo el lado oscuro

Un tema son los mechones, cortos y por todos lados de la cabeza, dificultando la tarea de peinarme, afectando tal vez la imagen que quisieras proyectar (superficialmente claro está), pero otra cosa es cuando ves en el suelo los pelos que minutos antes estaban en tu cabeza y ahora están esparcidos a tu alrededor. Les explico, cuando nos arrancamos el pelo hay dos opciones: la primera es solo soltarlo, quedando botado en el piso, mesa, silla, cama, escritorio, o donde sea que hayas cometido el acto; la segunda, que es mi caso, es “comértelo”, masticando desde la raíz hasta, generalmente, terminar el cabello, a esto se le llama trigofagia. En ambas situaciones quedan restos, estas “evidencias” del delito que cometiste, y que te hace sentir fatal cuando ya contaste más de 20 pelos y aún te falta otro tanto más.

No les voy a mentir, no recuerdo como fue que me di cuenta de que esto pasaba, pero si del sentimiento de horror, de miedo a quedar clava, de frustración al no poder controlarlo y de inmensa tristeza, hundiéndome en mi miseria, sintiéndome incapaz de hacer algo por mi misma, por ayudarme.

Me pillé entonces escondiendo mechones de pelo arrancado, recogiéndolo del suelo, levantándolo de la cama, apurada botando todo hecho un nudo en el basurero del baño, esperando que nadie lo viera (como si fuese posible, já!), y todas las veces al día que fuese necesario. Debo decir que al principio juraba de guata que lo lograba, que nadie se daba cuenta… seca en esconder evidencia 🙄.

No sé a cuantos de ustedes les pasará lo mismo, pero al menos a mi, nunca me hizo sentir mejor desaparecer esos miles de pelos, muy por el contrario, la sensación de frustración siempre fue en aumento, siempre presente, siempre hostigándome, era como otra versión de mi, una oscura que no enfrentaba, sino que ocultaba el problema. Con el tiempo (harto tiempo en realidad) me di cuenta que no sólo ocultaba el problema de los demás, sino que también de mi, porque yo no quería aceptar lo tenía, no quería reconocerlo, y más importante que eso, no quería enfrentarlo… imagínate sentirte pequeño como hormiga enfrentándonte a ti, un gigante oscuro decidido a anularte y convencerte de que aquello a lo que le temes, es real.

¿Ocultando la evidencia? Parte 1: Un drama adolescente.

Estando por ahí en III medio, hace algunas vidas atrás, me surgió un problema estético con el que no contaba. Había arrancado tanto pelo tras la “mollera” que se formó un gran mechón de pelo en crecimiento que no bajaba con nada. Gel y pinches no funcionaron ,por lo que opté por taparlo y fue cuando comencé a peinarme hacia el lado izquierdo (aún lo hago).

No sería la primera vez que me sucediera eso. Cada cierta cantidad de meses, los mechones iban apareciendo en diferentes partes de la cabeza, convirtiéndose en algo realmente incómodo. Puede sonar un poco superficial lo que estoy diciendo, pero en serio no había forma de peinarme sin que se notaran estos dichosos pelos cortos (debo mencionar que el largo de mi pelo durante toda mi adolescencia fue hasta cerca de la cintura). Adolescente, ansiosa, hormonal, terminó por convertirse en un problema de autoestima, llegando al punto de, por ejemplo, no permitir que nadie me tocara el pelo, razón por la cual aprendí a cortármelo sola y así no tener que ir a un peluquero.

Mientras pasaba el tiempo, inventaba maneras de disimular los pelones que me iba haciendo y los mechones que crecían sin control. Peinada para la izquierda, a la derecha, medio moño, cola completa, un puñado de pinches y horquillas… no funcionaron como yo esperaba, y cerca de los 20 años decidí cortarme el pelo, sería la primera vez en unos 5 años, y 3 de la última vez en una peluquería. Me pelé, tenía el pelo tan corto que se me ponía de punta solo, por lo que estuve adicta a las horquillas y al gel por unos cuantos meses.

Resultó que finalmente no solo pude disimular los mechones, sino que además estuve varios meses sin sacarme pelos porque estaba muy corto, lo que me ayudó a recuperar parte del cabello que había perdido. Debo admitir que fue la primera vez que pensé que “tenía la solución”, aunque claramente era una gran mentira, sin embargo la sensación de poder “controlarme” fue satisfactoria, por un tiempo al menos.

¿Qué es la Tricotilomanía?

Puedo asegurar que gran parte de la población no conoce la palabra tricotilomanía, es probable que nunca hayan escuchado siquiera mencionar… es más, leyendo este blog u otro relacionado con el tema, es posible que lo confundieran con algo parecido a la alopecia. Pués bien, hoy les contaré, con un tono un poco más serio, lo que es la Tricotilomanía.

Según el Manual para el tratamiento cognitivo conductual de los trastornos psicológicos la Tricotilomanía es “… un trastorno del control de impulsos. Los criterios diagnósticos para la tricotilomanía requieren la conducta repetida de arrancarse el pelo con una notable pérdida del mismo, una sensación de tensión antes de arrancárselo o al tratar de resistir el impulso, y alivio o placer cuando se ha arrancado el pelo. La conducta no tiene que ser causada por otro trastorno o por una enfermedad de la piel y provoca un malestar importante en el funcionamiento social o laboral. (…)

La tricotilomanía puede ser muy incapacitante porque se presenta en la época del desarrollo. La edad de aparición es a menudo en la infancia, con periodos de máxima incidencia entre los 5-8 años y reaparición a los 13. El curso del trastorno es frecuentemente crónico, habiéndose encontrado en un estudio una duración media de 21 años (Christenson et al.,1991). ” (Caballo, 2007).

Entonces, según esto, la tricotilomanía no es voluntaria, no es pérdida natural del cabello, no es una “maña” o una mala costumbre. Lo que busca este trastorno es encontrar una forma de liberar tensión acumulada, supongo que por diferentes motivos y que se caracteriza principalmente por la repetición, el impulso y el malestar posterior.

Foto después de cortarme el pelo, en un intento de recuperar lo que había perdido.

Creo que la importancia de contar con esta información es más bien aclarar un punto, darle un nombre a algo que se nos hace sumamente familiar y al mismo tiempo desconocido, ya sea en ti o en algún cercano. Conocer al trastorno por su nombre, nos permite guiar los pasos a seguir para tratarlo, como una especie de exorcismo en donde sólo con el nombre del demonio es posible combatirlo, y en este caso al menos tratar de controlarlo, quitándole el poder que tiene sobre ti y tus emociones.

Y en mi caso, no fue sino hasta saber el nombre de lo que me aquejaba, cuando me di cuenta que tenía que recurrir a un profesional que me ayudara con la ansiedad y con toda la maraña enredada de emociones y situaciones que viven en mi cabeza desde la existencia de mi ser.

V de vergüenza

Y bueno, si tomara una muestra de las personas que me conocen, estoy muy segura de que un porcentaje mínimo sabe sobre mi padecimiento tricotilomaniaco, y un porcentaje aún menor si quiera sabe como se llama la enfermedad y que es lo que la genera… ni hablar de la trigofagia.

Es probable que me hallan visto toqueteando mi pelito en varias oportunidades, pero que no lo relacionaran con un trastorno sicológico, ni menos que se trata de algo tan complejo (lo digo así, porque incluso para quienes vivimos con esto nos es difícil explicarlo). Y es que nunca, hasta hace algunas semanas, me había sentido con la valentía de declararme abiertamente tricotilomaniaca, y por lo tanto hablarlo, mostrarlo.

Dice valentía… si, y es que vivir con esto es una de las cosas más vergonzosas que he tenido que tolerar, principalmente por no haber podido controlarlo en ningún momentos durante los últimos 20 años, a todas horas, en todo lugar, con todo tipo de gente, en los momentos menos adecuados, justo ahí, se desataba (y se desata aún) el toc. Que nos vean, que noten nuestros “pelones” o mechones en crecimiento, que alguien toque nuestras cabezas y les pinchen los dedos, o simplemente que nos pregunten por que hacemos lo que hacemos, nos genera una profunda sensación de arrepentimiento, angustia y pudor.

Es difícil aceptarlo, es difícil ocultarlo. Y claramente el hecho de que al darnos cuenta de lo que estamos haciendo, al darnos cuenta de que otros nos están viendo, la angustia crece, entramos en una espiral sin fin en donde la culpa me genera angustia, la angustia ansiedad y la ansiedad el toc.

La vergüenza es un sentimiento que conozco bien y todos nosotros, esta comunidad oculta de tricotilomaniacos saben de lo que hablo, pero podemos hacerla más chiquita, podemos hacerla llevadera, podemos dejar de pelear con ella y abrazarla, aceptarla, perdonarla, para poder dar el paso hacia la aceptación de lo que somos…

¿Qué te provoca?

Te has dado cuenta de que, cada vez que comienzas a arrancarte el pelo, es porque en estas viviendo o estas por vivir algún momento de estrés? Me pasa seguido, sobre todo cuando tengo sobrecarga laboral o he discutido con alguien… Sin embargo, también me he dado cuenta, con el paso de los años, que cada vez que estoy en plena y absoluta tranquilidad y relajo, el toc aparece sin advertencia, y sólo me hago consciente de él cuando me veo con pelos en las manos.

Se me hace un poco frustrante, ya que no sólo los momentos de evidente “provocación” son en los que termino con las manos en la cabellera, sino que en medio de la lectura de un libro, viendo la TV o mirando por la ventana del metro también me sucede.

En terapia, ya después de un tiempo asistiendo y por medio del uso de herramientas que mi psicóloga me entregó, logré percatarme que esos momentos de calma, en donde se desataba el toc, mi mente también los utilizaba como espacios de liberación, espacios de catarsis cerebral por decirlo de algún modo.

¿Qué es lo que hice para solucionarlo?

En realidad, y creo que quienes conocen esta enfermedad, esto no es solucionable, sino más bien evitable y manipulable. Lo que hice fue primero, por recomendación de mi terapeuta, anotar en una pequeña libreta que es lo que estaba haciendo cuando me daba cuenta de que estaba sacándome pelos. Luego de que logré que lo anterior fuese un hábito, comencé a evitar hacer o exponerme a estas actividades que propiciaban la aparición del toc. Y finalmente, como tercer punto (y en el que estoy ahora) es exponerme nuevamente, y de forma paulatina, a esta diversidad de actividades, pero en modo consciente.

Que quede claro, no les estoy dando una recomendación, solo les estoy contando como he ido abordando los síntomas de esta enfermedad, y que en mayor o menor medida, me han dado algunos resultados positivos.

Así que, como podrán ver, ser una Tricotilomaniaca asumida implica también reconocer que necesito ayuda de un profesional quién, en mi caso, ha sido como un rayito de esperanza en el camino a recorrer para lograr dominar a mi “Hulk” interno, y evitar que el toc se desate cada vez que me expongo. Así mismo, debo reconocer también que, el saber cuales son las situaciones que me generan el aumento de ansiedad, ha sido de gran utilidad a la hora de establecer hábitos saludables y poder, de a poco, aumentar el control de la tricotilomanía.

Ahora les dejo la pregunta… y a ustedes ¿qué los provoca?

El Génesis

Conmigo fue vergonzoso, me lo dijo una compañera con cara de asco diciéndome “que eres cochina Paula!” A viva voz y delante de otras personas. Yo tenía 13 años, y nunca, hasta ese momento, fui conciente de lo que estaba haciendo.

Claramente desde ese día en adelante me sentía terrible cada vez que me veía con un pelo en la mano sin poder evitar llevármelo a la boca… Mmm ni idea cuanto tiempo antes estuve sacándomelos 😕

Antes de eso si había presentado ya episodios de ansiedad. Me chupe el dedo hasta los 10 años y entre medio me mordía y comía las uñas, pero el pelo??? Eso era raro.

Que amarrele la mano a la niña, que se te va a hacer un hoyo en el paladar, que se te van a torcer los dientes… no, es que póngale ají en las manos, mejor un brillo amargo de uñas, es que amarrele las manos a la niña 😒en serio, ¿qué es lo que tienen con amarrar a los niños de las manos?

Sólo sabía que me sentía mejor cuando tocaba mi nariz con el índice mientras chupeteaba mi pulgar y luego, cuando comía mis uñas, parecía que todo era menos caótico (en un grado menor eso si)… lo del pelo fue diferente, no recuerdo sentirme bien haciéndolo nunca, mucho menos cuando ya entendí porque lo hacía. Sólo sé que no me lo cuestioné y, eso que me provocó vergüenza, se convirtió en mi mayor placer culpable.

Y tú, ¿Cual es tu Génesis?

#ansiedad #toc